La educación en las primeras etapas de desarrollo son importantes y los agentes que intervienen van desde la familia, a la escuela, o la sociedad como agentes socializadores, donde tanto padres, profesores, tutores o amistades, incluso los propios pares cumplen una función relevante en la transmisión de valores culturales y sociales. Tampoco debemos olvidar otros agentes de socialización no menos importantes, como los medios de comunicación o las nuevas tecnologías, por poner algunos ejemplos, que van ganando terreno en la adolescencia, a aquellos que se dan en las primeras etapas de la vida.
En la actualidad, el papel de la familia como institución y principal agente transmisor de valores ha ido disminuyendo, y conviene no perder de vista valores clave en la educación de los hijos e hijas, tales como: competencia personal, enseñar la diferenciación del valor del dinero en cuanto al esfuerzo que supone; fomentar la responsabilidad, el esfuerzo y sacrificio, inculcar el valor de la solidaridad, valores instrumentales…etc.
Mientras llega la adolescencia y en esas primeras etapas del desarrollo, además de los valores culturales de transmisión por parte de la familia y la escuela, los padres somos el impacto más importante en la educación de nuestros hijos, después está la herencia cultural si se transmite de manera correcta.
Cuando son pequeños la literatura es uno de los elementos que mejor aporta esa información. A través de la literatura, podemos ayudar al niño a estimular su imaginación, a desarrollar su intelecto y a clarificar sus emociones, así como a perfilar su personalidad, siempre que las historias que se cuenten tengan pleno significado para el niño en su estadio de desarrollo. Además estas historias tienen que estar de acuerdo con sus ansiedades y aspiraciones, ayudarle a reconocer sus dificultades y sugerirle soluciones que le inquieten.
Una literatura muy antigua son los cuentos de hadas, antes las historias míticas (no las fábulas que son moralistas o simplemente buscan entretener), que a lo largo de la historia han ido transmitiendo lo inevitable que resulta luchar contra las dificultades que se nos presentan en la vida, ya que forma parte de la existencia humana, pero si no se huye, si uno se enfrenta a las privaciones a menudo injustas, se alzará victorioso llegando a dominar los diversos obstáculos que se le presenten. Los cuentos de hadas van a proporcionar a los niños materiales de fantasía que de manera simbólica le van a indicar qué batalla tendrá que librar para autorrealizarse, que le garantice un final feliz.
Podríamos pensar que es mejor contar las historias modernas para evitar estos problemas existenciales, pero no, el niño necesita de sugerencias o representaciones simbólicas que le ayuden a caminar hacia la madurez sin peligro. Y las historias modernas no cumplen ese papel porque casi nunca mencionan ni la muerte, ni la enfermedad o el envejecimiento. Por el contrario los cuentos de hadas plantean de forma breve un problema existencial y al contrario que en las historias modernas, aquí si está presente el mal, al igual que la bondad, y el atractivo de los personajes guarda relación con su rol (el malo caracterizado como un enorme gigante o una fea bruja; el bueno o el héroe es mucho más atractivo para el niño). Hay otro rasgo importante en los cuentos de hadas y es la polarización de los personajes, que al presentar los opuestos (malo, bueno) ayuda al niño a comprender mejor la diferencia entre los dos. Los cuentos de hadas poseen un alto significado psicológico para los niños de todas las edades y de ambos sexos, independientemente de la edad que tenga el héroe del cuento.
Podemos encontrarnos con no saber qué cuento es importante para el niño en un determinado momento y solamente el propio niño nos lo podrá señalar. Si no siente interés por la historia, quiere decir que el tema no ha logrado provocar una respuesta significativa en el momento en el que se encuentra. Entonces es mejor cambiar de historia, hasta lograr que el niño se interese o quiera que le contemos esa historia en concreto, una y otra vez. Llegará el momento en el que habrá logrado obtener lo que quería con ese determinado cuento y pierda el interés por el mismo, eligiendo otra historia. Lo mejor es tratar de seguir el interés del niño porque va a ser quien nos señalará con cual de los cuentos se siente emocionalmente implicado y con quien se está identificando y para qué (celos, sentimiento de abandono, tristeza, ansiedades…).
Y no olvidemos que por mucho que queramos explicar al niño de forma racional las situaciones por las que atraviesa, solo podrá entender aquello que se adecue a su nivel de desarrollo, pues los niños, en sus diferentes estadios de desarrollo, no disponen de pensamiento abstracto para entenderlo. De ahí que los cuentos con sus representaciones le ayuden a sentirse identificado con los personajes y las diversas situaciones y, que al igual que en los cuentos, en la vida siempre hay una salida que conducirá a salir airoso de cualquier situación y en consecuencia sentirse feliz.
Imágenes: Rosa Rosado
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