Imagina a un náufrago en medio del océano: rodeado de agua por todos lados, agotado y con frío. Aferrado a cualquier flotador que aparezca, aunque sea débil o inestable, solo para no hundirse. Así funciona la adicción: un alivio inmediato que promete seguridad, pero que nunca llega a puerto seguro.
Las adicciones nos han acompañado siempre: beber, fumar, mascar hojas de coca… formas de buscar consuelo ante la ansiedad o la tensión de la vida. Hoy se suman nuevas dependencias: Internet, videojuegos, apuestas online, compras compulsivas, sexo o el uso excesivo del móvil. Diferentes “flotadores” que el sujeto busca para no hundirse.
Cuando el placer se vuelve compulsión
Todos los expertos coinciden: la adicción se define por la pérdida de control. Lo que empieza como un alivio temporal termina gobernando la vida del sujeto, atrapándolo en un ciclo de compulsión y deterioro personal.
Desde la mirada psicoanalítica, la adicción no se dirige al “sujeto racional”, sino al sujeto del goce. Es como buscar un atajo a la felicidad: un camino que promete placer inmediato, pero lleno de piedras y desvíos invisibles.
El parche que nunca sana
Las adicciones funcionan como parches para un vacío interno. La droga, el juego, las compras compulsivas o el exceso de pantalla alivian momentáneamente, pero no sanan la herida. Y, a cambio, el sujeto deja de apoyarse en el Otro —el vínculo, la palabra, la relación— quedando aislado y atrapado en su propio ciclo.
Historias que muestran la realidad de la adicción
🎲 Juego patológico: Juan y la montaña rusa de la emoción
Juan empezó jugando a cartas con amigos. Al principio era diversión, pero pronto cada apuesta le daba un “subidón” difícil de resistir. Prometía dejarlo, pero siempre regresaba. Necesitaba apostar cada vez más, comenzó a mentir y a sentir culpa constante. El juego, que antes era un entretenimiento, se convirtió en un laberinto sin salida.
📱 Redes sociales: Ana y la fuga digital
Ana pasaba horas en redes sociales para desconectar de la ansiedad. Al principio era ocio, pero pronto su día giraba en torno a ellas. Perdió interés por actividades que antes disfrutaba y se aisló de amigos y familia. Cada notificación era un flotador en un mar de estrés, que la alejaba cada vez más de la vida real.
🛍️ Compras compulsivas: Iván y la ilusión de control
Iván sentía un vacío profundo tras jornadas de trabajo agotadoras. Cada compra online le daba un instante de satisfacción, pero el alivio duraba pocas horas. Las cuentas se acumulaban, la culpa también, y su sensación de control sobre la vida se desvanecía. La adicción era un parche temporal sobre un agujero más profundo.
❤️ Sexo y relaciones: Carla y el refugio efímero
Carla buscaba sentirse valorada y aceptada. Las relaciones casuales le daban un placer inmediato, pero tras cada encuentro volvía el vacío y la ansiedad. Era un ciclo de placer y desilusión, donde la búsqueda de goce temporal la alejaba del vínculo auténtico y del reconocimiento emocional que necesitaba.
El juego y la infancia: un eco que nunca se va
Freud y Melanie Klein nos recuerdan que el juego infantil ayuda a procesar angustia y a experimentar placer. En la adultez, las adicciones funcionan de manera similar: intentos de regular la ansiedad, obtener placer o sentir control. Pero, como un niño que se refugia en un juguete repetidamente, el adulto queda atrapado en una repetición compulsiva que no resuelve la herida interna.
Cómo acompañar desde la comprensión
Si un hijo, un familiar o alguien cercano enfrenta una adicción, no se trata de debilidad, sino de un dolor que busca alivio.
Algunas ideas para acompañar:
- Hablar desde la curiosidad, no desde el reproche.
- Poner límites claros, pero con respeto y empatía.
- Explorar necesidades emocionales que no estén siendo atendidas.
- Buscar ayuda profesional si la conducta afecta la vida diaria.
Las adicciones son caminos difíciles, pero con acompañamiento, comprensión y herramientas adecuadas, es posible reconectar con la vida, el placer y los vínculos reales. No se trata de quitar el flotador al náufrago, sino de enseñarle a nadar y llegar a tierra firme.
Imagen: Creada con IA
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