La depresión y el sujeto de la modernidad: una mirada al malestar contemporáneo

Cómo las exigencias del mundo actual impactan en nuestro bienestar emocional

Hoy en día, cuando hablamos de depresión solemos pensar en algo que se puede medir, diagnosticar y tratar con medicamentos. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), la depresión se define en función de síntomas observables y de su respuesta al tratamiento farmacológico.

Pero esta mirada —centrada en lo biológico— ha ido dejando en segundo plano algo fundamental: la experiencia subjetiva del sufrimiento. Desde esta lógica, la depresión parece reducirse a un “desequilibrio químico”, cuando en realidad también habla de nuestra forma de estar en el mundo, de cómo nos relacionamos con el deseo, con la pérdida y con el sentido.

En la vida diaria usamos con frecuencia la palabra depresión para hablar de momentos de tristeza o desánimo. Sin embargo, sentirse triste no es lo mismo que estar deprimido. Hoy escuchamos frases como “estoy depre” casi con ligereza, pero la depresión va mucho más allá de un estado pasajero: implica un modo particular de sufrir, una relación diferente con el deseo, con la pérdida y con uno mismo.

Desde esta mirada más universalista, el DSM describe la depresión a partir de la presencia de tristeza, vacío o irritabilidad, acompañados de cambios físicos y cognitivos que afectan la vida diaria. En consecuencia, el tratamiento se vuelve también universal: el mismo para todos, validado por la ciencia y sustentado en la química.
En este contexto, la industria farmacéutica ha tenido un papel central. Los antidepresivos han supuesto un gran avance para muchas personas, pero también han contribuido a dejar en un segundo plano la pregunta por el sentido del sufrimiento. Es comprensible: resulta más fácil delegar en una pastilla la resolución del malestar que detenerse a pensar qué nos duele realmente.

Vivimos en una época que nos empuja al consumo constante, donde parece que la satisfacción inmediata es la norma. Las redes sociales, la publicidad y la cultura del “todo ya” refuerzan la idea de que podemos llenar cualquier vacío con un objeto o una experiencia nueva.
Pero cuando esos objetos no alcanzan, cuando el brillo se apaga, aparece el malestar. El sujeto moderno se deprime porque no se siente a la altura de las expectativas sociales, porque la promesa de felicidad permanente no se cumple. La sociedad capitalista nos hace creer que todo está al alcance, que basta con desearlo lo suficiente; pero el deseo humano es más complejo, más profundo, y no puede reducirse a lo que se compra o se muestra.

En esta sociedad que nos exige desear sin límites, el sujeto deprimido aparece como aquel que, agotado, ya no puede ni quiere seguir ese mandato. Pero no todo está perdido: cuando el sufrimiento se escucha, cuando se le da un sentido, el dolor puede transformarse en pregunta.
Cada persona tiene su propia historia, su modo de vivir la pérdida y de construir su deseo. Solo desde esa mirada singular es posible que el afecto depresivo se disuelva y dé paso a algo nuevo: una reflexión, una búsqueda, una posibilidad de cambio.


Imagen: creada con IA

2 comentarios sobre “La depresión y el sujeto de la modernidad: una mirada al malestar contemporáneo

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  1. Hola Rosa,

    Esta vez te has ido a los profundo, he tenido que releerlo un par de veces para captar lo que querías decir, «el sufrimiento y conocerlo bien es necesario para salir de los problemas».
    Nuestra sociedad no quiere sufrir, nosotros no queremos, no queremos que nuestros hijos sufran y si es gratis, que tampoco sufran los demás, no es políticamente correcto nombrar al «sufrimiento» y lo cierto es que existe y va seguir existiendo.

    Que tengas una bonita semana.

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    1. Hola, muchas gracias por leerme y por el esfuerzo en entenderlo. Me gusta aplicar el principio de responsabilidad en todo lo que nos pasa. El dolor forma parte de vivir y cuando se convierte en sufrimiento, conocerlo es primordial para entender y en última instancia poder hacerse cargo, para buscar respuestas. Siempre el sujeto tiene que preguntarse por su dolor. Es la única manera de que se produzca un cambio. Un saludo afectuoso.

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