Ansiedad o Angustia: ¿de qué hablamos realmente?

En los últimos años parece que todos hablamos de ansiedad: la sentimos, la diagnosticamos, la medicamos y la compartimos en redes. Pero pocas veces nos detenemos a pensar qué hay detrás de esa palabra. ¿Es lo mismo sentir ansiedad que sentir angustia? ¿Por qué hoy casi nadie habla de angustia, cuando antes era un término tan presente en la vida emocional?

Este artículo busca abrir ese espacio de reflexión. Porque más allá de los síntomas y los diagnósticos, existe una experiencia humana que merece ser escuchada: la del sujeto que sufre, que se pregunta, que intenta darle sentido a lo que le pasa. Y es ahí donde el psicoanálisis puede ofrecer una mirada distinta, una que no apunta a silenciar el malestar, sino a comprenderlo y darle lugar.

Ansiedad y angustia: dos palabras, distintas raíces

La angustia y la ansiedad son dos palabras que suelen confundirse. Y no es casualidad. En los tiempos que corren, parece que la ansiedad se ha vuelto el malestar “de moda”, casi como si hubiera venido a reemplazar a la angustia.

Desde una mirada científica, la ansiedad se entiende como un trastorno de origen biológico, y por eso suele abordarse con tratamientos farmacológicos. Sin embargo, en este enfoque el sujeto —la persona que padece— queda en un segundo plano. Se convierte en alguien a quien “le pasa algo”, más que en alguien que puede hacerse cargo de su malestar. En otras palabras, se pierde la posibilidad de pensar en lo que ese malestar significa para quien lo vive.

La ansiedad: un malestar de época

Hoy en día, los trastornos de ansiedad se consideran algunos de los más frecuentes. Abarcan diferentes cuadros clínicos que afectan tanto al pensamiento como a la conducta y al cuerpo. No es exagerado decir que la ansiedad se ha vuelto una epidemia silenciosa del siglo XXI, y que afecta de manera especial a los adolescentes y jóvenes.

Vivimos, además, en una época marcada por la crisis: crisis social, política, económica, de valores… incluso una crisis dentro de la propia clínica psicoanalítica, que se enfrenta al desafío de repensarse frente a un mundo que ya no es el mismo de hace cien años.

Un mundo que corre más rápido que el alma

Hoy todo cambia a un ritmo vertiginoso. La ciencia, la tecnología y el consumo prometen soluciones rápidas, casi mágicas, para cualquier malestar. Pareciera que todo es posible si tenemos la aplicación correcta, el fármaco adecuado o el objeto de consumo perfecto. Pero en esa lógica, el sujeto —su deseo, su historia, su responsabilidad— queda cada vez más silenciado.

El psicoanálisis, en cambio, sigue apostando por devolverle la palabra al sujeto. Busca rescatar esa dimensión de verdad que cada uno puede encontrar en su propio malestar. En un mundo que confunde el ser con el tener, que rinde culto a la imagen y al brillo de lo inmediato, el psicoanálisis nos recuerda que hay algo más allá de lo visible: un espacio para detenernos, preguntarnos y asumir la propia implicación en lo que sentimos.

Escuchar la angustia

Quizás ahí —en esa búsqueda de sentido— se encuentre la diferencia más profunda entre ansiedad y angustia:

  • La ansiedad se sufre y se intenta eliminar.
  • La angustia, en cambio, puede escucharse; puede ser una vía de acceso a lo que verdaderamente nos pasa.

Y es justo ahí donde el psicoanálisis encuentra su razón de ser: en acompañar al sujeto a hacerse responsable de su propio lugar frente al malestar, y no simplemente a callarlo.

Resumiendo

En un mundo que busca calmar rápido cualquier malestar, detenerse a escuchar lo que la angustia tiene para decir puede parecer un acto subversivo. Pero tal vez ahí resida su valor: en recordarnos que no todo debe ser eliminado ni explicado de inmediato.

La ansiedad puede ser el síntoma de una época que nos exige estar siempre en movimiento, siempre disponibles, siempre felices. La angustia, en cambio, nos invita a una pausa; nos confronta con nuestra verdad, con aquello que nos habita y que no puede resolverse con recetas instantáneas.

Reconocer esa diferencia no significa rechazar la ayuda médica ni negar los avances científicos, sino devolver al sujeto su lugar. Ese lugar desde donde puede pensarse, preguntarse y responsabilizarse de su propio deseo.

Porque al final, comprender la angustia no es sólo entender el sufrimiento, sino acercarnos un poco más a nosotros mismos.


Imagen: creada con IA

2 comentarios sobre “Ansiedad o Angustia: ¿de qué hablamos realmente?

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  1. Interesante la reflexión de la inmediatez, hoy necesitamos tener soluciones ahora, ya, si no es inmediato no vale.

    Hay situaciones que vivimos, que necesitan su «tempo» para madurar y sobre todo para conocerlas bien y poderlas entender. Las dos que mencionas lo son y si no las conocemos bien no somos capaces de gestionarlas.

    Un abrazo
    LM

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    1. Muchas gracias por comentar. En este acelerado en que vivimos se impone la aplicación de los tiempos lógicos del razonamiento como son el instante de ver, el tiempo para comprender y el momento de concluir. En otras palabras observar, pensar y en último término actuar. Pero, eso implica vivir más hacia adentro y no tanto hacia el exterior. Un abrazo

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