A veces, los niños no pueden decir con palabras lo que sienten. Pero su cuerpo, su conducta o su estado de ánimo sí lo hacen. Un miedo que aparece sin razón, una tristeza persistente o una rabieta que parece no tener fin pueden ser formas de expresar algo que no se logra decir directamente.
Lejos de ser simples “problemas de comportamiento”, muchos de estos síntomas son señales que invitan a los padres a mirar un poco más allá: a preguntarse qué está ocurriendo en el mundo emocional del niño y también en el entorno familiar.
Este texto busca ofrecer una mirada comprensiva sobre esos síntomas, no para culpabilizar, sino para ayudar a los padres a escuchar lo que sus hijos intentan comunicar, y a descubrir cómo el acompañamiento profesional puede abrir un camino de alivio y crecimiento para todos.
Cuando los síntomas de los niños hablan por la familia
A veces, cuando un niño presenta un síntoma —como miedos, rabietas frecuentes, problemas para dormir o dificultades en la escuela—, no está “portándose mal” ni “buscando atención”, sino intentando decir algo que todavía no puede poner en palabras.
Los niños sienten profundamente lo que ocurre a su alrededor. Perciben los silencios, las tensiones y las ausencias, incluso cuando los adultos creen que no se dan cuenta. Por eso, muchas veces, lo que se manifiesta en ellos tiene que ver con lo que no se dice en casa, con emociones reprimidas o con vínculos familiares cargados de dolor.
Hay niños que parecen no querer crecer. No lo hacen por capricho, sino porque intuyen que, si lo hacen, podrían desarmar el equilibrio familiar. A veces sienten, sin saberlo, que son ellos quienes mantienen unidos a sus padres. Otros, en cambio, se convierten en el centro de la vida de uno de ellos: ocupan el lugar del “hijo que lo es todo”, llenando un vacío afectivo. Esto les da un papel muy pesado para sus pequeñas espaldas, porque deja poco espacio para ser simplemente niños.
También hay quienes crecen con una sensación constante de no pertenecer del todo, de no tener un lugar propio. Son niños que, sin saberlo, repiten la historia emocional de sus padres, cargando con heridas que no son suyas.
Cuando estos síntomas no se comprenden ni se atienden, pueden transformarse en patrones que acompañan al niño hasta la adultez. Por eso, la terapia infantil no busca “corregir conductas”, sino ayudar a que el niño pueda expresarse de otra manera, a que encuentre su voz y su propio deseo, más allá de las expectativas o los conflictos de los adultos.
A veces, el síntoma aparece porque hay verdades no dichas: temas familiares que se evitan o se esconden por miedo a hacer daño. Pero los niños presienten esas verdades, y suelen hacer preguntas difíciles:
“¿Por qué papá ya no vive con nosotros?”
“¿Qué pasó con el bebé que no nació?”
“¿Por qué no puedo hablar de mi abuelo?”
No se trata de revelar todo de golpe, sino de acompañar con sensibilidad, encontrando el momento y las palabras adecuadas. La verdad, cuando se dice con amor y respeto, no daña: ayuda a construir confianza y fortalece el vínculo.
El papel del terapeuta, en estos casos, es ofrecer un espacio donde el niño pueda ser escuchado sin juicios, y donde los padres también puedan reflexionar sobre lo que el síntoma de su hijo está intentando decirles.
Porque, muchas veces, el síntoma no es el problema, sino una forma de pedir ayuda.
Y cuando los adultos logran escuchar ese mensaje, comienza realmente el cambio.
Buscar ayuda profesional no es un signo de debilidad, sino un acto de amor.
Consultar con un psicólogo infantil o familiar puede ayudar a comprender lo que está ocurriendo y a encontrar nuevas maneras de acompañar al niño en su crecimiento, con más calma, comprensión y libertad emocional.
Imagen: generada con IA
Hola Rosa,
Bonito artículo, relacionando problemas de niños con otros problemas que no explicitamos y que se tienen en la casa.
Espero que lo lean muchos padres y puedan aplicar tus comentarios, a mi me cogen un poco tarde.
Sigue escribiendo, lo haces muy bien.
Un beso
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Muchas gracias Luis Mari por leerme. Tu comentario tiene un valor importante para mí. Te ha pillado tarde, si, aunque estoy segura que segura que has podido aplicar muchas de las estrategias mencionadas en tu entorno. Un gran abrazo.
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