La culpa no es siempre del otro

Ante un error o una equivocación, a menudo, tenemos la tendencia a echarle la culpa a los demás. Equivocarse, errar, también es un atributo de uno mismo que tiene consecuencias, y que pueden ser graves. La culpa no siempre es del otro. Es más, la responsabilidad es siempre de uno.  Por eso es importante diferenciar entre culpa y responsabilidad. Mientras que la culpa tiene un papel importante en la ética personal o en la moral como regulador de la conducta humana en cuanto a la cohesión social o el respeto de las normas de todo vinculo social, la responsabilidad implica reconocer las propias acciones y cuáles son sus consecuencias y así poder tomar decisiones que mejoren o cambien la situación. 

A partir del momento en el que asumimos cuánto tenemos que ver con lo que nos sucede, antes seremos capaces de elegir hacia dónde queremos dirigirnos,  o dónde queremos estar. Cuanto antes aceptemos que nos hemos equivocado, antes podremos rectificar. En los errores, casi siempre, son dos o más los implicados. Están los amigos, la familia, la pareja o la sociedad en general. Y los errores pueden ser sistémicos, aleatorios, negligentes o accidentales. 

Uno de los errores más comunes en la interacción social está relacionado con el malentendido. Cuando nos relacionamos a través del lenguaje podemos estar seguros de lo que decimos o hemos dicho en un determinado momento, pero no sabemos lo que el otro ha escuchado. Y ante cualquier conflicto echamos la culpa a los demás. Detrás de este comportamiento está la evitación emocional, una estrategia para no enfrentar las consecuencias de todo acto. O la negación, que es un proceso inconsciente mediante el cual el sujeto actúa como si no existiera el problema. También el narcisismo está detrás, como un mecanismo de defensa, de protección del ego, evitando así que se muestre su imperfección, propio de las personas con una muy baja autoestima. Pero todos estos mecanismos esconden, en realidad, inseguridad e inmadurez emocional.  

Aunque equivocarse o cometer un error tiene muy mala prensa,  es un mal necesario, en algunos casos. Es una de las formas, sino la única de aprender, porque nos aproxima a la meta que estamos persiguiendo. Algunos errores que se cometen a nivel social tienen como causa un déficit en habilidades sociales determinadas, habilidades con las que no se nace, pero que con la práctica y sobretodo equivocándose se pueden aprender. Las personas que poseen una autoconfianza ven los errores como una oportunidad para aprender. Es una oportunidad para corregirlos y tomar el control de la propia vida y el desarrollo personal. 

Entender que la culpa no siempre es del otro, allana el camino de la rectificación y nos responsabiliza de nuestra conducta y de la posición que queremos adoptar en una determinada situación. Y aceptar que el error en la comunicación forma parte de ésta, facilita la interacción con los demás y hace bueno aquello de que, en toda relación, es mejor malentenderse que desatenderse. 


Imagen: creada con IA

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