¿Cuando surge la necesidad de acudir al psicólogo? Son varias las razones que nos empujan a buscar ayuda psicológica, entre ellas, algunos síntomas como la ansiedad, o un estado de ánimo bajo que altera nuestra capacidad de relacionarnos tanto social, familiar como profesionalmente y no somos capaces de manejar nuestras emociones. También acudimos al psicologo cuando somos víctimas de un evento traumático, como una violación, un maltrato o una muerte traumática y no encontramos la manera de salir. Por problemas en las relaciones sociales, familiares o de pareja que nos ayuden a resolver los conflictos. Y, a veces, simplemente porque queremos mejorar nuestro bienestar general y necesitamos alguien que nos escuche y nos oriente. Pero también por problemas de salud mental para identificar el problema, diagnosticar y evaluar el tratamiento más efectivo.
¿Qué terapia necesito? A la hora de acudir al psicologo surgen numerosas dudas de cual es la terapia que necesitamos y cual es la más eficaz para superar una situación que nos sobrepasa. Los enfoques más utilizados en psicoterapia son la terapia cognitivo-conductual, la conductual, el psicoanálisis, la humanista o la sistémica familiar. Un poco de luz para entender desde un punto teórico qué persiguen estos diferentes enfoques:
- La terapia cognitivo-conductual centra su objetivo en la modificación de la manera de pensar y la forma de actuar y enseña al paciente a localizar aquellos pensamientos negativos mediante diferentes técnicas (autoverbalizaciones, reestructuración cognitiva, resolución de problemas.…). Muy útil en trastornos depresivos, ansiedad, fobias, ataques de pánico, o pensamientos obsesivos. Es una de las terapias directivas, breves y más extendidas en la actualidad.
- La terapia sistémica familiar tiene como objetivo la resolución de problemas familiares y de pareja. Su tratamiento se centra en nuevos modos de interacción, mediante la búsqueda de alternativas a aquellas dinámicas que no funcionan en las relaciones.
- El enfoque psicoanalítico se centra en involucrar al paciente en la búsqueda de su verdad, a través de la responsabilidad que como sujeto tiene en lo que le sucede. Es un viaje que inician paciente y terapeuta, que empieza con la angustia que trae el paciente a consultar y culmina cuando se desvela su origen.
- La terapia humanista destaca lo importante de la autenticidad, la empatía y la aceptación en el proceso de transformación. Es una terapia no directiva, dejando que el sujeto dirija la sesión inmerso en un proceso de descubrimiento personal. Incluye la teoría del “yo ideal” frente al “yo real”.
En la sociedad actual, vinculamos la felicidad a los objetivos y a la productividad. Y buscamos llenar ese vacío existencial a través del consumo en exceso, generando ansiedad y depresión. En ocasiones, se busca en los libros de autoayuda un salida a lo que nos ocurre. Sin embargo, y cuando el lector tiene un problema real, más que ayudar, estas lecturas son un peligro. Cada persona es un mundo y cada problema es inherente a una persona en particular. Por tanto, el tratamiento también debe ser particular.
También la llamada psicología positiva se ha vuelto una moda, polémica, por otro lado, que puede tener efectos negativos y ser contraproducente cuando la actitud positiva se lleva a un extremo tal que se pierde parte de la realidad. Aclaremos, no obstante, que la psicología positiva como enfoque no es algo nuevo, ya que esta disciplina fue propuesta por Martin Seligman allá por el año 1988, cuyos contenidos podrían tener también cierta coincidencia con los de la psicología humanista. Uno de los aspectos de este enfoque radica en centrarse en las emociones positivas como solución a aquellas que generan las emociones negativas.
Sin embargo, una actitud positiva y considerar que de manera constante las emociones positivas tienen que estar presentes puede llevar al sujeto a evitar enfrentarse con la adversidad de la vida. No se puede ser feliz de manera continuada. Es preciso mirar la realidad y adoptar una posición de compromiso con el entorno que nos rodea. Presionar para adoptar una actitud positiva continuada genera infelicidad. No siempre si quieres, puedes. Es más, cuando no puedes sentirte bien, esa presión te lleva a sentirte mal, y a sentirte culpable por no ser capaz de mostrar emociones positivas, cuando la realidad que te rodea requiere de otras emociones que son socialmente aceptables.
Hay quien opina que la actitud positiva es una forma de ser optimista. Pero esta actitud puede no ser acertada porque no moviliza otros recursos que podemos poner en marcha para superar una situación. A veces, es mejor un pesimismo militante y mirar a la realidad de frente desarrollando recursos de nuestra fuerza del yo y aceptar que la vida a veces no tiene sentido, a veces no es tan maravillosa y no por eso hay que dejar de jugar nuestro deseo. Fomentar una actitud hacia nuestras emociones, sean del signo que sean y practicar la autocompasión en los casos de un sentimiento de insuficiencia, de fracaso o de sufrimiento. Respetarte y abrazar el propio dolor puede ser un buen comienzo en el camino de la transformación. Escuchar la verdad interna, y aprender a escuchar al cuerpo cuando habla.
Imagen: Desarrollada con IA
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