Del latín: pro (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana)
Procrastinar podría traducirse como diferir o postergar, aunque hay alguna diferencia. Postergar se refiere a dejar algo para más adelante por la imposibilidad de llevarlo a cabo en ese momento. Mientras que la procrastinación tiene una connotación de intencionalidad y de querer evitar la realización de una tarea.
A diferencia de otros tiempos en los que la procrastinación podía ser vista como un espacio de preparación o de reflexión, desde la revolución industrial se visualiza más como un problema que afecta a algunas personas. Decimos (ahora, en estos días) procrastinar para referirnos a ese deseo (necesidad?) de postergar o diferir aquellas actividades o acciones que por diversos motivos deseamos dejar para otro momento. Entre los motivos, la pereza, o el temor a afrontarlo, bien porque la tarea en sí no nos resulta placentera o por miedo a fracasar. Cuando procrastinamos sabemos o intuimos que esto puede tener consecuencias negativas, por estrés o por falta de tiempo para llevar a cabo la tarea. Y aun así lo hacemos a sabiendas de que podemos tener un problema en el futuro.
¿Por qué dejamos para otro momento aquellos asuntos que nos resultan desagradables o que nos generan malestar?. Las emociones, también en esto, juegan un papel importante, emociones como la ansiedad, la preocupación, la frustración, incluso el aburrimiento, o el miedo al fracaso nos conducen a postergar la tarea y aunque sentimos momentáneamente un alivio, si no regulamos esas emociones puede que interfieran negativamente en nuestra vida diaria, en el bienestar y la responsabilidad para lograr los objetivos o metas que nos fijamos. En definitiva para poner a jugar nuestro deseo.
Si, el deseo tiene mucho que ver con la procrastinación. Se diría que más que el deseo, es una de las formas que tiene el sujeto de relacionarse con su deseo. Alejando el deseo en el tiempo se suspende el goce (en términos freudianos, un incremento de la tensión). No es un síntoma cuando la procrastinación es elegida porque no es el momento de llevar a cabo una tarea, o porque quiero estar mejor preparado para abordarla. Sin embargo, si sería un síntoma patológico cuando no puedo evitarlo y se repite constantemente, y me alejo de mi deseo para no avanzar por miedo al riesgo, a la incertidumbre, al no saber qué va a pasar… y así evitar ese vacío.
En la temporalidad de la acción (Lacan) existen tres tiempos lógicos que todos los sujetos atravesamos: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Algunos sujetos se detienen más de lo necesario en el instante de ver y en el tiempo de comprender porque quieren tenerlo todo calculado antes del concluir o se ponen cualquier otra excusa para no tomar nunca decisiones. Pero así, con esa eterna procrastinación lo que se va es la vida entera.
¿Se puede evitar la procrastinación? Es necesario identificar la presencia de la angustia (ese temor a lo que puede ocurrir) y que hace que se evite la toma de decisiones, los actos verdaderos o los cambios que queremos afrontar. Empezar por mirar hacia adentro y ver que todas esas veces y esas cosas que postergamos no sea un mecanismo para no hacernos cargo de que nuestro deseo tiene un precio y que hay que trabajar en eso. Y si solos no podemos, la ayuda profesional nos puede facilitar identificar las causas inconscientes que nos conducen a ello.
Imagen: creada con IA
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