Fue sin querer
Es caprichoso el azar
No te busqué
Ni me viniste a buscar
Tú estabas donde
no tenías que estar
Y yo pasé…
J.M. Serrat
En todo encuentro amoroso siempre hay más de dos. Son tres los implicados, tu, yo y el azar caprichoso, donde lo que se encuentra es la posibilidad de la falta que nos constituye, la fantasía de hacer uno con el otro, cuyo destino es el lazo amoroso. Una relación de amor posible que desafíe al destino. Una mezcla (el amor) entre algo inevitable y una elección posible, que surge del reconocimiento de lo que se puede armar con retazos del pasado, de la infancia, de los errores cometidos en amores pasados… Recorrer un camino riesgoso, entre la ilusión y el vértigo que da un nuevo comienzo.
Lo contrario, sería huir del amor, ese que sin buscarlo te encuentra para poner en el otro lo que no tienes, para entender que el amor no es una posibilidad, que el amor nos invade, no importa en qué momento, y que puede ser real. Un amor sin adjetivos que difumina nuestros bordes, nos desafía y nos lleva a salirnos de nosotros mismos y a ese temor a perdernos. Si lo quieres, si lo quiero…
Porque aunque quien ama sufre, quien no ama termina enfermando. Y porque nuestro tiempo es acotado y queremos hacer lo posible para recorrerlo con la sensación de eternidad. Así, nos buscamos en cada instante y en cada pensamiento, y son las ganas y el deseo de tenernos que poco a poco nos alejan de ese vértigo inicial, hacia el empuje de atreverse a arriesgar y tirar los dados. No hay tiempo y por tanto tampoco garantía de hasta cuándo. Por eso me acerco, y te acercas… y de la mano y sin prisas nos dejamos para seguir soñando ante esa nada prometedora.
Mira en mis ojos y dime qué ves. Te miro y veo esa luz que al mirarme aleja todo temor a no ser contigo. Que me interroga acerca de quien soy. Es contigo con quien quiero perderme en ese futuro incierto donde el interés va desplazándose del propio yo al otro (a ti) para investirlo de amor, en la manera en que uno es tocado por el otro. Solo cuando el amado se transforma en amante se produce el milagro del amor.
Y aunque el azar es caprichoso, y las condiciones del amor pueden constituirse por efecto del azar, después se reproduce de forma determinante a lo largo de la historia. Porque somos como un cuaderno en blanco donde queda mucho por vivir, por amar, o por sufrir. Pero quien no sufre no ama y quien no ama no vive. Por eso debemos buscar la felicidad sin autoengaños, conociendo nuestras limitaciones, nuestros defectos, nuestras virtudes y detenerse en ese difícil empeño para preguntarnos si estamos dónde y con quien queremos estar. Pero más que saber quienes somos es momento de saber qué deseamos.
Imagen: creada con IA
https://ricardokilim.wordpress.com/
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