Las expectativas son aquellas proyecciones que hacemos de algo que esperamos, de un deseo o un anhelo que ponemos en las personas o situaciones que vivimos. Las expectativas son especulativas, no tienen base real. Se alimentan de nuestros deseos, nuestra experiencia o nuestras creencias. Y cuando no tienen una base real, es decir son poco realistas, y la vida no va por donde nos gustaría o donde nuestro deseo nos lleva, nos desilusionamos y si no manejamos mentalmente bien esa situación, acaba en frustración.
Las expectativas hacen su función. Y es, prepararnos mentalmente para actuar, para llevar a cabo una acción. La función puede ser positiva cuando ajustamos esas expectativas a la confianza que ponemos en sus resultados y utilizamos esas expectativas como herramienta o como un mecanismo que nos ayude a economizar nuestros recursos. Pero también puede tener una funcionalidad negativa que puede jugar en nuestra contra y generar un sentimiento de malestar con nosotros mismos principalmente.
Cuando las expectativas se ponen en los demás entran en juego distintos factores como nuestras propias creencias, nuestro sistema de valores, nuestra historia personal, la educación y el aprendizaje sin tener en cuenta lo que el otro es y no lo que nos gustaría que fuese. Pensamos que los demás deberían comportarse de una manera que cumpla con lo que esperamos de él o ella, pero también ellos parten de los mismos factores y por tanto sus creencias, sus valores, su historia es distinta a la nuestra.
Existen algunos recursos de los que nos podemos ayudar para ajustar las expectativas, como hacer una reflexión interior profunda. Empezando por diferenciar las expectativas realistas de las no realistas, observar nuestro autoconocimiento, con nuestras fortalezas, habilidades o áreas de mejora y las herramientas de las que dispongamos. Hay que tener en cuenta el contexto y las circunstancias externas, practicando la flexibilidad (el entorno puede ser cambiante). Nuestras expectativas tienen que ser razonables, orientadas hacia metas alcanzables. Y en el camino practicar la gratitud y el logro de lo alcanzado -cada paso es importante- porque todo esto influye en tu bienestar emocional y contribuye al éxito en tu vida.
Ajustar las expectativas realistas es, además, la mejor herramienta como estrategia de amor propio y que incide y, puede tener un efecto sobre la felicidad (si algo así existe como tal) que va a ser directamente proporcional a nuestro nivel de aceptación e inversamente proporcional a nuestras expectativas no realistas. Pero lo que puede marcar la diferencia es disfrutar del camino hacia tu deseo y cuando lo alcances querer lo que deseas (esto sí es importante), y aun así darte cuenta que tampoco alcanza. De ahí el vacío para volver a poner en marcha la maquinaria de un nuevo deseo a jugar.
Imagen: Rosa Rosado
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