La indiferencia, primer paso hacia el desprecio

Se dice que lo opuesto al amor es el odio. Más lejos de la realidad, pues ni es el odio, ni es el desamor. Lo contrario del amor es la indiferencia, como primer paso hacia el desprecio. Asociada al desapego o a la frialdad emocional, la indiferencia hace más daño que el miedo a cualquier declaración de intenciones. Por parte de quien sufre la indiferencia, un malestar emocional que va desde el desconcierto o la inseguridad a una baja autoestima, sentimientos que también sufren las personas que a su vez se muestran indiferentes como consecuencia de su conducta.

La indiferencia es una especie de maltrato emocional que genera malestar a quien la sufre. Es un rasgo de personalidad con tintes pasivo-agresivo donde quien ejerce este rasgo carece de empatía y quien lo sufre, de soledad y de desprecio. La indiferencia es silencio del otro que nos hace sentir invisibles e imposibilita el vínculo, el encuentro y el reconocimiento del otro. Una de las características del sentimiento de soledad es sentir que no existes para el otro. Es una forma de agresión psicológica que lleva a la persona al sufrimiento y al vacío.

La diferencia con el otro se establece a partir del vínculo con ese otro. En la indiferencia, el otro desaparece. No hay un otro. ¿Cuándo surge la indiferencia en una vínculo afectivo? En una relación de pareja, la indiferencia puede surgir a partir del odio, cuando ya no les une el amor, un intento de elaboración como proceso a la separación. Pero también se puede entender como una postura frente al otro, un no reconocimiento del otro como persona. 

Hay diferentes tipos de indiferencia, aquella que ejerce la familia cuando no hay preocupación por el cuidado y la crianza de los hijos, o cuando los límites son inexistentes como fuente educativa. También en la relación de pareja, o en la amistad, cuando es ejercida (la indiferencia) como un instrumento de poder sobre el otro. En toda relación se otorga un poder al otro, que no sería necesario usar si el vínculo es un vínculo sano. 

No solo las personas pueden ser indiferentes o crear indiferencia en lo afectivo. También las cosas o las situaciones nos pueden causar indiferencia. La indiferencia social por parte de una sociedad sin interés  ante situaciones o asuntos que se nos presentan, como la violencia o la injusticia, por ejemplo, que nos alejan de comprender las relaciones sociales y nos generan incertidumbre e inseguridad personal. 

La indiferencia no siempre tiene connotaciones negativas. Desde la filosofía, concretamente desde el pensamiento estoico, la indiferencia es una forma de ponerse por encima de las circunstancias para salir victorioso, una estrategia para encontrar la felicidad a toda costa. Practicar el estoicismo significa aceptar la realidad tal como es, sin intentar cambiarla y aceptar que no podemos controlarlo todo. 

Como en casi todo, es necesario buscar el equilibrio entre el sentimiento de indiferencia hacia el otro o hacia una situación que puede albergar una ausencia de empatía, y el estoicismo cuyos fundamentos pueden aplicarse a la vida moderna poniendo en práctica cualidades como el autocontrol, la disciplina y la reflexión, en un mundo lleno de estímulos y búsqueda de gratificación inmediata. 


Imagen: Oihana Barato Rosado

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