No siempre que aparece la nostalgia, el sentimiento al recordar es agradable, porque también puede ser desagradable. En cualquier caso se trata de una experiencia pasajera, y al margen de una emoción de tristeza o alegría por la añoranza de otros momentos o situaciones, no tiene efectos negativos, no es patológica, algo que en el pasado se consideraba un trastorno mental. La nostalgia tiene un componente de vinculación con tiempos mejores o felices. Nuestra memoria selectiva, como un mecanismo protector, nos lleva a recordar más los buenos momentos o aquello más significativo para nosotros. Algo que no ocurre con una experiencia negativa o trauma que queda encapsulada en nuestra memoria y se evita recordar, como un mecanismo de defensa para evitar el dolor.
Cuando se padece de melancolía, de lo que se trata es de una depresión, un abandono del sujeto, una intensa tristeza y una culpa que invade, además de una mayor angustia de lo habitual. Por eso en términos clínicos se habla de la melancolía como de una psicosis que hay que tratar. A diferencia de la nostalgia, la melancolía sí es patológica. Quedar melancolizado tras una experiencia como puede ser una pérdida, o un duelo no superado es una reacción a la pérdida del yo más que ante la pérdida de un sujeto significativo para nosotros.
En la melancolía no solo el mundo queda vacío y pobre, como sucede en un proceso de duelo, sino que el propio yo queda vacío, incluso un yo indigno, humillado, propenso a sentir una sensación destructiva. El sujeto melancolizado carece de mundo y está abandonado por el otro. El apego tendría algo que ver también, ya que la persona apegada se resiste a la pérdida porque una vida sin el placer o la seguridad que le proporciona el otro se le hace insoportable.
La melancolía supone un obstáculo al deseo, al igual que ocurre en la depresión. Es un no querer saber nada de lo que ocurre, un no hacerse cargo de lo que implica. Se trata de un recurso del propio sujeto para no hacer frente al riesgo de desear. Y sin embargo, no hay mayor recurso que el deseo contra la depresión. El melancólico de hoy no es ya un sujeto que se caracteriza por el sentimiento de culpa o la mortificación de la vida, sino que es un sujeto sin deseo, es más, es un sujeto que desea no tener ningún deseo.
Ayer era melancolía, hoy es depresión. La sociedad actual es una sociedad deprimida. Vivimos en una sociedad que fomenta la depresión. Y entre los factores personales se encuentra el insoportable sentimiento de soledad, la intolerancia a la frustración, el imperativo de gozar a toda costa y a cualquier precio, el imperativo de ser feliz, el imperativo de consumir, el imperativo del poder de la medicación (la depresión es un negocio), …Imperativos todos que hacen del sujeto un producto de consumo. El consumo en exceso de cualquier producto. Ese imperativo resulta en culpa cuando no se logra la felicidad porque el sistema sostiene que la felicidad depende de las personas. Porque ser feliz en la cultura actual es un mandato, una obligación.
Pero la felicidad no está en ninguno de esos imperativos, si es que la felicidad existe como tal. Es el deseo el que nos coloca en el camino, y desear lo que ya tenemos al mismo tiempo, porque el deseo se desplaza siempre. Saber hacer con lo que hay, escapar a la idea de completud, olvidar para recordar, esperar, escuchar, hablar, reelaborar, … buscar el espacio donde encontrar la responsabilidad subjetiva y desde ese espacio actuar.
El vacío y la falta de sentido en una sociedad cuya patología mas destacada es la abundancia de unos pocos, da como resultado sujetos enfermos de insuficiencia, cansados y fatigados de ser en sí mismos e incapaces de alcanzar esa felicidad impuesta. Es la depresión como renuncia al deseo.
Imagen: Rosa Rosado
Qué interesante este post, Rosa!
Y qué verdad cuando dices que: «ser feliz en la cultura actual es un mandato, una obligación…
Un abrazo y feliz semana 🍃🍀
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Así es Úrsula! Este capitalismo salvaje solo quiere personas productivas, de ahí el imperativo de ser feliz. Lo que pasa que a veces no se puede y necesitamos también sentir otras emociones. Gracias y buena semana también para ti. Un abrazo
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