Tolerar no es aceptar

Tolerar no es aceptar, son dos conceptos diferentes. Aceptamos cuando hay voluntad de recibir al otro tal como es, de no oponerse ni resistirse. No hay juicio de valor que sigue a uno u otro en una posición superior o inferior. Cuando toleramos estamos teniendo una actitud de admitirlo, de dejarle ser quien es aún cuando no compartamos o aprobemos su posición. Hay una posición, por tanto asimétrica, uno es quien tolera y el otro el tolerado, una posición incómoda que implica esforzarse en mantener las cosas como están.

Además de lo positivo que tiene el concepto de tolerancia en cuanto a la aceptación de las ideas, de las preferencias o formas de pensar o comportarse en relación al otro, la tolerancia desde lo negativo, significa también aguantar, soportar o consentir, una posición jerarquizada donde hay uno que tolera y otro que es tolerado. Si en la primera de las definiciones eso nos coloca en una posición de actitud justa, de abrazar la diferencia, de mirar a la diversidad, sin miedo y de respeto a los que no son como uno mismo, en el segundo caso la posición subjetiva en la intolerancia estaría marcada por la responsabilidad ante actos o situaciones en las que fijar límites es necesario como fin para evitar el daño o sufrimiento de un mal mayor. De ahí la paradoja de la tolerancia descrita por el filósofo Karl Popper, que señala que una sociedad ilimitadamente tolerante verá reducida su capacidad de ser tolerante por lo que será destruida por los intolerantes.

Existen diferentes tipos de intolerancia, además de la biológica (a los alimentos y los fármacos por ejemplo) o la psicológica (la frustración, el estrés,…), y entre los más comunes a nivel social están los de género, raza, cultura, diversidad sexual, o religiosa. No se nace siendo tolerante, es algo que se aprende desde la edad más temprana, a través de las figuras de apego y los cuidadores involucrados en el desarrollo y aprendizaje de los menores, modelo que más adelante tratarán de imitar. Y en estos términos, más que tolerar para no posicionarnos en una esfera superior, la aceptación del otro en su otredad, en lo que nos diferencia o en lo que es, sería una enseñanza con beneficios importantes, en esa edad en la que se descubre la alteridad, contribuyendo a minimizar los riesgos de acoso que se viven en la infancia y adolescencia, en el ámbito escolar y social principalmente. 

¿Qué papel juega la tolerancia en la edad adulta? Si en las etapas de desarrollo anteriores a la edad adulta se ha trabajado la tolerancia y la aceptación en las relaciones con los otros, en la etapa adulta es más fácil escuchar, primero, al otro sin imponer nuestro criterio, abrir nuestra mente deconstruyendo imposiciones hegemónicas para respetar opiniones diferentes a las nuestras, pues en cuestión de opiniones nadie está en posesión de la verdad, todo puede ser de otra manera. Y para aumentar la tolerancia de nuestro entorno, podemos practicar trabajando como voluntarios en asociaciones sociales, asistiendo o visitando diferentes culturas, relacionándonos con el diferente. 

En muchas ocasiones nos cuesta aceptar y tolerar la diversidad porque salir de nuestra zona de confort o contar con unos conocimientos limitados nos produce miedo y al miedo le sigue el rechazo, y se termina odiando al otro porque es diferente a uno y eso se vive como una crítica. Practicar la tolerancia reporta grandes beneficios para nuestro bienestar, pues reduce los niveles de ansiedad, de ira o de estrés y nos permite dejar atrás nuestros prejuicios y construir experiencias mas positivas. 


Imagen: Rosa Rosado

Un comentario sobre “Tolerar no es aceptar

Agrega el tuyo

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑