¿Por qué a veces no podemos actuar de acuerdo con nuestros valores o con nuestras creencias? Porque no podemos actuar siempre como si los demás no existiesen sin que eso suponga un coste. Necesitamos recurrir a lo que la mayoría opina para validar nuestras opiniones y la presión que ejerce el grupo, como una mayoría, esa es la medida de nuestra percepción. Y para poder continuar formando parte del grupo sin ser excluidos nos podemos mostrar de acuerdo con la norma planteada o bien, podemos pensar que la información procedente del grupo es mejor que la nuestra.
La presión social ha estado siempre presente, aunque en la actualidad las nuevas tecnologías y herramientas de conexión virtual hagan más visible la influencia social, no solo de los adolescentes que tienen un mayor o más fácil acceso a estos recursos, sino también al resto de los seres humanos en conexión con los otros, virtual o presencial. Entre otras cosas porque la influencia social no solo se ejerce a través de los medios, también puede ser ejercida en la interacción grupal o bilateral cara a cara, o con otros seres influyendo en el comportamiento, en las acciones, opiniones o sentimientos de los demás.
Nuestras opiniones emergen de discursos ideológicos que circulan en la interacción social y por ello, las acciones son producto de la influencia social. Y aunque interactuamos en un contexto determinado por un proceso de influencia social, también hay lugar para la agencia individual, depende de la implicación personal que se ponga en juego, como resultado de la negociación.
Puede ocurrir que como resultado de la presión de otra persona o del grupo cambiemos nuestras acciones y aceptemos pasivamente las normas como un efecto de conformidad. La comunicación de masas y los medios de comunicación tienen un efecto de normalización cuando difunden los recursos dominantes. Y el miedo a quedar fuera de la sociedad produce situaciones que inducen a crear sujetos conformistas.
Desde las relaciones de poder de toda interacción social, pueden ponerse en marcha estrategias de influencia de poder en las que los protagonistas reconozcan, por un lado, el derecho de influenciar al otro, y por el otro lado aceptar la obligación de acatar tal influencia. De igual modo y considerando un contexto determinado, la influencia puede responder a las creencias y al juego de identidad social y personal que se corresponda o no con las expectativas que uno tenga respecto del otro.
También las normas sociales o códigos de conducta que se ponen en juego de uno u otro lado, entre las que destacan aquellas que tienen que ver con los roles asumidos y la construcción de expectativas, así como los estereotipos, las modas, costumbres o valores y normas sociales establecidas que sirven de referencia para determinar o modificar las reacciones de uno y otro, y que vienen determinados por los mecanismos de aprendizaje y socialización a través de los cuales, las normas sociales han penetrado en un individuo.
A lo largo de la historia elementos tales como los estereotipos, los prejuicios y la categorización social han justificado la discriminación, sumisión, o trato vejatorio, factores útiles para el orden macrosocial en el que existen dispositivos articuladores de las relaciones entre hombres y mujeres sustentados en representaciones y actitudes sociales sobre lo que significa ser mujer y su papel en la sociedad y que las coloca en una condición de subordinación, exclusión y opresión.
En un contexto histórico y cambiante de la realidad social, son importantes los significados, la interacción y el carácter activo de los mismos, pero también el escenario lingüístico en el que nos movemos dentro de una red de relaciones que tienen lugar en un espacio cultural concreto, sea éste las redes sociales, el espacio virtual o real.
Y si bien los procesos de influencia social son necesarios para vivir en convivencia con la sociedad, es tanto o más importante no llevar estas actitudes hasta un límite tal que ni siquiera nos paremos a reflexionar y las aceptemos sin más, porque al fin y al cabo como seres racionales y emocionales que somos, tomamos las decisiones en soledad y de forma individual aún cuando estén influidas por la sociedad y la experiencias vividas.
Imagen: Rosa Rosado
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