Adiós 2020, bienvenido 2021!

Este año que termina será recordado como el año de la pandemia, del confinamiento, de las mascarillas, de los estados de alarma o de la nueva realidad y también de los desafíos en cuanto a las relaciones y a la salud se refiere.

Hay un antes y un después en el año 2020 a la hora de hacer balance. Al principio eran reflexiones como la pereza (una renuncia por el deseo), la gula (un deseo de querer más), la lujuria (un deseo incontrolable), la envidia (un deseo rechazado)  o la soberbia en la sociedad del ego. Reflexiones dirigidas a cuestionar la sociedad neoliberal que impone la cultura del rendimiento perpetuo. Una sociedad con grandes contradicciones cuyo capitalismo feroz funciona bajo la premisa de que del egoísmo individual se obtiene un progreso colectivo. La sociedad del  mercado que expone un placer sin escrúpulos incitando al consumo de productos y servicios pornográficos explotando la vulnerabilidad de los más indefensos…El sistema como enemigo de las políticas de igualdad entre hombres y mujeres que hagan posible la lucha ante la cultura del poder que discrimina a una parte de la población. 

Y de un momento a otro hubimos de aparcar todas esas reflexiones atemporales para centrarnos en una cuestión de supervivencia: controlar el virus primero, una razón de salud y la importancia de un cuerpo sano. Pero también poner en valor lo importante que son los otros en nuestras vidas. Cuánto necesitamos los abrazos, los besos, ilusionarnos… Amplificar y engrandecer valores como la solidaridad, la colaboración, la compañía, el amor, el trabajo… 

Y también enfrentar emociones que la situación nos acaba imponiendo, como el miedo, a la muerte, a la soledad; la incertidumbre, la inseguridad, la tristeza o superar la ansiedad, esa epidemia silenciosa de este siglo debida en parte a las expectativas que demanda la sociedad actual y para la cual no tenemos las herramientas necesarias, ni todas las respuestas. 

Necesitamos una salud mental, al igual que la del cuerpo, y ahora más que nunca hay que dejarse ayudar por los que saben escuchar. Lo que esta situación de crisis nos ha mostrado, además de la desigualdad económica y social de las personas, es la vulnerabilidad de algunas de ellas, con problemas de ansiedad, TOC o diagnósticos previos que han debido interrumpir las terapias por la crisis sanitaria.

El aislamiento durante la pandemia ha disparado las consultas de afrontamiento de la situación. Han aflorado problemas de acoso en el trabajo, traumas infantiles, adicciones, problemas de identidad de género, violencia contra la mujer, explotación laboral, inmigración y precariedad, soledad y envejecimiento o discapacidades físicas, entre otras. Sin olvidar que la problemática social mayor de esta pandemia ha sido la tercera edad, un colectivo cuya vulnerabilidad les ha impedido superar la crisis sanitaria. 

Los seres humanos hemos demostrado a lo largo de la existencia nuestra capacidad para levantarnos una y otra vez ante las adversidades que impone el vivir. Entre la vida y la muerte está el deseo, y no hay límites para el deseo. Hemos aprendido qué es lo esencial y por eso vamos a desear para esta nueva etapa mayor responsabilidad individual en una situación colectiva, para construir juntos las defensas necesarias. Repensar los vínculos sociales y comprender que no es posible vivir sin el otro. Transformar el sistema para que mejoren las condiciones de vida, cuidando de los que nos cuidan, buscando alternativas de movilización más sostenibles para el planeta, sistemas productivos locales y sostenibles, un consumo responsable…para que esa normalidad a la que queremos volver no sea la misma que teníamos antes de la crisis sanitaria, sino que hayamos sido capaces de mejorarla.

Porque toda oscuridad tiene un punto de luz que cediendo a nuestro deseo nos permitirá hacernos cargo de todo goce, de nosotros, de los efectos que genera para recorrer otro camino que nos lleve al encuentro con el otro, a la solidaridad, al amor, la integración, la reciprocidad, el acompañamiento, al intercambio, la cooperación, a la igualdad, al respeto, a la pasión…en definitiva aprender a vivir con el enigma del ser humano.

Porque detrás de las nubes hay siempre un cielo azul. Feliz 2021!!!!


Imagen: Rosa Rosado

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