La muerte, la única certeza de la vida

Si hay una certeza que nos determina, esa es la muerte. No hay otra. Todo lo demás es incertidumbre. Desde que nos constituimos sabemos que algún día moriremos, que no somos inmortales, salvo por nuestros deseos. Y es esa certeza la que despierta nuestra pasión, nuestro deseo de elegir, de iniciar proyectos, de hacer un camino con el propósito de dejar una huella de nuestro paso por la existencia. A veces en forma de hijos, de legados, de arte, de recuerdos o historias que vamos tejiendo y dejamos para ser recordados o contadas. O generando pensamiento y motivando el conocimiento para permanecer en la historia.  

El temor a la muerte es miedo al abandono, un temor inasumible, tanto que la angustia por el miedo a la muerte nos puede llegar a quitar las ganas de vivir. Es la pregunta filosófica que algunos se hacen, ¿para qué vivir si se tiene que morir?. Y si la muerte es certeza, solo el deseo, motor de la vida, es lo que da sentido a esa existencia. Y sin embargo, es la muerte de los demás la que nos da esa certeza, porque en el fondo nadie cree en su propia muerte. 

Lo que más atemoriza al ser humano no es la posibilidad y la certeza de la muerte, sino no saber lo que viene después. Por eso muchos buscan consuelo en una especie de inmortalidad, mediante el planteamiento de cuestiones, generando dudas, insatisfechos, con el deseo de saber más y mejor, reflexionando…porque dando así un sentido a la vida siempre se querrá vivir más para encontrar soluciones, para encontrar un sentido. Esto es lo que nos diferencia de los animales, que también mueren.  

Pero tras la muerte hay una segunda muerte o una muerte simbólica, la que está detrás de lo orgánico, de la muerte del cuerpo, y es aquella que se simboliza en un lápida, en un legado, en un lugar, o en la memoria de los otros y que eterniza al sujeto en la obra. Aunque hoy día la dimensión simbólica de la muerte sea reemplazada por la inmediatez del goce en cuanto a su expresión se refiere mediante la sustitución del enterramiento por la incineración, casi siempre un acto despersonalizado que nace como una alternativa al ritual católico-religioso más que a una opción reflexionada. 

Cada cual da sentido a su muerte en función del sentido que da a su vida. En nuestra sociedad, es posible que el sentido de la muerte esté en función de la valoración cultural del cuerpo. Nos preocupamos en exceso por la parte biológica de nuestro ser en el mundo, y tal vez por eso concebimos la muerte como una derrota final.  Y se teme a la muerte porque problemas como el amor, el destino o el lograr un sentido a la existencia es algo que ni siquiera nos planteamos, solo nos dejamos vivir, a veces dejándonos en manos de otros que decidan por nosotros cómo vivir, pero sobre todo cómo y cuándo morir.  


Imagen:  Rosa Rosado – Imagen tomada en el Victoria & Albert Museum de Londres

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑