Esta historia guarda relación con la inmigración y la pérdida de identidad cultural, a la vez que con el concepto de lugar de acogida en la nueva cultura. La falta de documentación legal para residir en un país tiene como consecuencia un empleo precario y facilita la explotación por parte de los empleadores.
Vero es una chica de 23 años que llega a nuestro país desde Sudamérica, en busca de un futuro mejor, de un sueño. Decide emigrar porque una hermana suya que trabaja como empleada de hogar externa tiene ya la residencia y le ha invitado a venir.
Vero está pendiente de recibir la notificación para ser legal que ya había solicitado, de momento no tiene papeles. Esto facilita que haya sido contratada como empleada de hogar interna (solo libra los domingos), sin contrato, por una familia que necesita ayuda para cuidar a una persona de 89 años, por un salario más que injusto. La señora a la que tiene que cuidar padece principio de Alzheimer o demencia senil, aunque es bastante autónoma y vive sola, de momento, con la ayuda de Vero. Es muy demandante y requiere la atención continuada de Vero. Sus pautas de sueño están muy alteradas, se duerme muy tarde. Se muestra de mal humor casi todo el día. Ve la TV continuamente y lo critica todo.
Esta señora tiene 4 hijos que viven en sus respectivas casas. Y desde el confinamiento solo se comunican con ella por Skype. Han prohibido a Vero salir de la casa por miedo a que su madre se contagie. Ahora trabaja toda la semana sin descanso (le pagan un extra por no tener ni un solo día de descanso). Se ocupa, además de los cuidados de la señora, de limpiar y de cocinar. No le permiten salir ni para bajar la basura. Una de las hijas viene de vez en cuando a dejarles comida en la puerta y a bajar la basura.
Vero consulta porque después de 4 semanas sin comunicarse con nadie ha empezado a padecer de fuertes dolores cervicales y está muy estresada, principalmente cuando acaba el día. Pidió a los hijos poder salir para ir al médico, pero ellos se negaron a que saliera y le trajeron un relajante muscular. No quieren que tenga ningún contacto que pueda poner a su madre en riesgo. Vero no puede tomar el medicamento porque le hace mal en el estómago. Insiste pero le dicen que ya se le pasará. Sigue con fuertes dolores.
A veces piensa que le gustaría dejarlo todo y marcharse, pero cree que sería una irresponsabilidad por su parte dejar de cuidar y abandonar a esta señora en esta situación.
Intervención:
Negar el auxilio y retener en aislamiento a una empleada por no tener papeles en regla debe de ser delito. Pongo a Vero en contacto con un bufete de abogados gratuitos que se facilitan durante el confinamiento para que pueda conocer la tramitación de la documentación y los derechos que le asisten en las condiciones en las que trabaja.
Comentamos algunas estrategias que, mientras tanto, puede poner en marcha para manejar la interacción con la señora a la que cuida y le alivie algo la angustia.
La responsabilidad es de cada uno de nosotros, la que asume en este caso la empleada de hogar interna (casi siempre mujeres, inmigrantes, jóvenes…) al no dejar de prestar el cuidado a los otros, aún a pesar de los problemas que le está causando el aislamiento obligatorio al que está sometida por parte de sus empleadores.
Y en el caso de los familiares de esta señora, pasa por proporcionar un lugar de acogida justo, por un salario justo y con unas condiciones justas. No olvidemos que lo que nos hace humanos es la prestación de socorro y la solidaridad entre las personas. La clave es la reciprocidad en la que tanto los que acogen como los que se integran vayan aportando parte de su cultura y de sus experiencias, y que la suma sea acumulativa gracias al intercambio cultural.
Los nombres de las personas de estas historias de cuarentena son inventados, aunque sus historias son reales, contadas a través de la línea telefónica, durante el confinamiento del covid-19.
Porque detrás de cada síntoma siempre hay una historia.
Imagen: Rosa Rosado
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