Hacia una nueva realidad

Encuestas recientes apuntan a que 6 de cada 10 españoles se sintió triste o deprimido durante el confinamiento por el covid-19. Hemos vivido (y esto no ha acabado aún) una pandemia a nivel mundial para la que no estábamos preparados. Han sido muchos días de aislamiento y en menor o mayor medida ha afectado a la población en general. Para muchas personas, el reto durante ese confinamiento suponía superar los sentimientos de tristeza, miedo, depresión, desesperanza o incertidumbre sobre la crisis sanitaria y económica, después, con cuadros de ansiedad imposibles de soportar en muchas ocasiones. 

Pero ahora el reto también, para muchos, es cómo volver a eso que se ha llamado “nueva normalidad”. En algunos casos volver a la normalidad puede producir miedo a salir (síndrome de la cabaña, dicen) dejando una “zona de confort”, y tener que enfrentarse a la vuelta a la escuela (cuando ha habido bullyng), a cómo volver al trabajo cuando hay acoso, a la posibilidad de perder el empleo, o cómo afrontar un duelo complicado por la pérdida de seres queridos de los que no se han podido ni despedir. 

Normalidad es aquello “que se ajusta a las normas, a valores medios, en un sentido general”. Siempre atribuida esta definición de normalidad en lo que a las leyes políticas, económicas y morales presentes en nuestra sociedad se refiere,  y que permiten dar constancia de una dimensión sociohistórica  a la hora de construir las diferentes realidades. 

El concepto de normalidad está tan arraigado en nuestro vocabulario que nos resulta difícil discernir los límites entre la “normalidad y la “anormalidad”.  Por eso, dependiendo de nuestras creencias, de nuestras experiencias, o de nuestra personalidad, asignamos un significado al concepto de normalidad, que condiciona nuestros sentimientos, especialmente en aquellos casos en los que no estamos de acuerdo con la norma o con el enfoque. Cuando nos salimos del grupo al que nos hemos adherido y nos sentimos discriminados, es cuando comienza el sufrimiento. 

Pero la normalidad era el problema antes de la crisis sanitaria, tal como ha evidenciado aquello que no funciona en esta sociedad como el sistema de salud, herido de muerte por los recortes o las políticas de austeridad aplicadas para favorecer a las grandes finanzas internacionales en detrimento del bienestar de las personas.  Poniendo de manifiesto las grandes desigualdades, haciendo mayor la brecha de la desigualdad en los más desfavorecidos, con mayor riesgo para su salud. O el daño que nuestra civilización, está haciendo sobre el medio ambiente, verdadera crisis ecológica, reduciendo el espacio entre nosotros y los animales salvajes, o la destrucción de hábitats naturales. 

Esta pandemia nos ha dado la oportunidad para cambiar las cosas, para construir una nueva realidad, evitando volver a esa normalidad cuyas normas o valores, en sentido general, nos han traído hasta donde ahora nos encontramos. Es momento de preguntarse qué cosas son esenciales, o quien es esencial en nuestra sociedad. La pandemia es una revelación. Hasta hace menos de un año era la economía, ahora tenemos otros problemas que resolver con creatividad, sabiduría y compasión, que nos reconcilie con la naturaleza a la que tanto daño hemos hecho, y reconstruir las relaciones sociales con el otro, como señal de que no estamos solos y para que nada ( o casi) sea igual que antes de esta experiencia.  

Y no son los estados o los gobiernos, ni el sistema. De nosotros, de cada uno de nosotros a título individual, depende la regeneración del planeta. Solo podemos contribuir a mejorar las próximas generaciones si somos capaces de encontrar la sabiduría a partir de la experiencia que nos ha sido dada. 


Imagen:  Rosa Rosado

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑