Ética, moral y sociedad actual

Hay palabras que apenas asoman en los tiempos que corren. De hecho sería difícil, sino imposible, aplicarlas a los hechos que tienen lugar en la sociedad actual. Se trata de la ética, que tiene su procedencia en la palabra ethos del griego, que significa lugar, aunque con el tiempo ha derivado hacia el concepto de movimiento, es decir hacia el significado de orientación, la ética como orientación racional para la vida, en su acepción más moderna. Y la de la moral que a diferencia de la ética que es estructural, ésta (la moral) es coyuntural.

Pretender «ponerse al día” con la intensidad y el sensacionalismo de tantas y tantas noticias que nos llegan, casi todas de esas que “encogen” el alma, acaba en un deseo, para muchas personas, de querer parar este mundo irrespirable e insoportable, y retroceder un poco en el espacio-tiempo ante la profunda impotencia que sentimos algunos.

Ya no solo la vida política y sus políticas que apenas nos sorprenden como la corrupción que no tiene límites, también las guerras y sus grandes beneficios para los que les venden las armas, llevando a los seres humanos a huir de sus países y buscar un lugar donde piensan que se puede vivir mejor, aunque muchos se quedan por el camino.

La trata, la prostitución, o los abusos sexuales a mujeres y menores, que además cuando son cometidos por los divulgadores del evangelio, por la iglesia, es algo imperdonable hasta para aquellos que creen en el “más allá”. La precariedad laboral, familiar, vecinal o social, un mar en el que es complicado mantenerse a flote para muchas personas. Siguen los desahucios, aumentan los suicidios, la traición reemplaza al compromiso, la postverdad sustituye a la verdad, la descalificación sin argumentos, la difamación, el “todo vale” para buscar el éxito, la incitación al odio, la falta de diálogo, etc. Y …rozando lo estrambótico con el fraude de los ataúdes. ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar para comprar todo tipo de placeres o poder?.

En muchas profesiones la ética tiene entre sus principios generales el principio de beneficencia, el principio de benevolencia y el de no maleficencia. Otros principios añadidos recientemente como el principio utilitarista de buscar el mayor bien para el mayor número de personas o el principio de universalización que propone siempre a la persona como fin y nunca como medio, el principio de igualdad en dignidad y valor de todas las personas, el principio de justicia y equidad….etc. ¿De verdad vivimos en una sociedad que practica estos principios o algunos en su filosofía?. Más bien, como señalara Zygmunt Bauman a propósito de la modernidad líquida, se han sustituido esos principios éticos por principios productivistas como la dilación como virtud y el aplazamiento de la satisfacción como precepto.

En un mundo en el que los derechos humanos es papel mojado en muchos ámbitos de la sociedad como el profesional, el de justicia o igualdad, el de humanidad, universalidad…la ética ha perdido toda vigencia, es puro utilitarismo para que nos vaya mejor en la vida, o eso pensamos. Una ética de este siglo que radica únicamente en el interés personal, un interés radical, una vida líquida, una búsqueda del placer vacío aunque inmediato, en definitiva, un mundo reducido a la pura economía, capitalismo alejado de la democracia, donde los ricos viven de los pobres que ahora son esclavos que a los que a cambio de promesas de un futuro mejor se les mantiene endeudados de por vida y atados a la esclavitud.

Ética y moral valores sociales e individuales respectivamente que es preciso recuperar y con ellos todos los otros valores derivados: veracidad, valentía, autodominio moral y justicia, y en menor escala pero no menos importante, el respeto, la responsabilidad, la honestidad, favoreciendo la transmisión de estos valores sociales a través del ejercicio y de la práctica diaria, también por parte de los representantes sociales y políticos, sin olvidar los medios de comunicación, que algunos denominan ya el cuarto poder y que tiene una gran influencia en la sociedad. No permanezcamos inmunes al sufrimiento, a la vulnerabilidad, al hambre, a la guerra, a la violencia o a la exclusión.


Imágenes: Rosa Rosado

 

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