¿Por qué seguimos juntos las parejas cuando aparecen las crisis? ¿Es posible que sea porque todos necesitamos un espejo en el cual poder amarnos.? ¿Tal vez porque aunque no se ajuste del todo, se ajusta bastante.? ¿Hay algo que sigue satisfaciendo, hay algo que sigue cumpliendo, a pesar de la queja, a pesar del inconveniente?
Cuando nos enamoramos buscamos en el otro aquello que nos falta, aquello que dejó una falta tras atravesar el Edipo cuya huella narcisista nos llevó a tener que renunciar o bien al padre, o bien a la madre. Esa huella, ese agujero nos lleva a buscar a alguien que, como nosotros, también tiene un agujero, tiene una huella (la que dejaron sus padres en su Edipo). Porque en el amor, damos al otro lo que nos falta, aquello a lo que tuvimos que renunciar, y en eso aparece ese otro que también nos da aquello que no tiene, nos ofrece su falta, su huella. En el amor lacaniano se trata de eso: de dar lo que no se tiene a quien no es. Es decir, damos lo que nos falta a alguien que tampoco lo es (completo) alguien que tiene también esa falta. No se trata de colmar la falta de nadie, pues cada uno es responsable de sus faltas y de su ser.
Es en esa conexión donde nace la pareja. Y ocurre que se enamoran, se desean. Se dice que seguramente porque no se conocen, pero se piensa que uno complementa al otro, en ese escenario. Comienza así un “juego”, el de ser pareja y se idealiza en el otro aquello que perdimos en nuestra castración simbólica, lo que nos fue prohibido. Cuando empezamos a darnos cuenta de que lo real supera la fantasía, y en ese darnos cuenta de que el otro no rellena la falta, es cuando aparece una crisis, que a menudo queremos evitar intentando llenar ese agujero, a veces con nuevos proyectos o nuevos deseos, nos compramos una casa, tenemos un hijo, o dos, hacemos un viaje, tenemos un amante, o cualquier cosa que sostenga esa relación y evite la crisis, por otro lado inevitable, en muchas ocasiones.
Cuando está más claro que lo real poco o nada tiene que ver con lo que habíamos idealizado, empieza el conflicto. Deseamos y esperamos que el otro cambie. Siempre es así. Y el otro no cambia, el otro es el mismo de siempre. Tal vez porque ante un cambio de escenario, el cambio solo debe producirse en el propio sujeto y ver cómo puede adaptarse a esa nueva realidad. Y…seguramente, como señalamos al comienzo, puede que la relación no se ajuste del todo, pero se ajusta lo suficiente para sostener la pareja, para seguir juntos…, porque todos necesitamos ese espejo en el que poder amarnos.
Y…seguimos juntos pese a todo, o no. Tal vez sea necesario ir dejando de lado ese amor “romántico” de otros tiempos que tiende hacia la completud (cosa imposible) y no lleva a ninguna parte y aceptar que cada uno en la pareja obtiene suficientes beneficios de la relación como para considerar que merece la pena seguir juntos.
Imágenes: Rosa Rosado
Deja un comentario