La culpa (soledad y duelo)

Antes de que apareciera la conciencia moral (nacimiento del superyó) el origen del sentimiento de culpabilidad residía en la autoridad. Los dos orígenes nos obligan a renunciar a los instintos, con la diferencia de que el miedo al superyó, origen más reciente, no podemos eludirlo.

La culpa será seguramente una de las emociones que más vinculada está a otras emociones y sentimientos (sentimiento de culpabilidad), como la autoestima, el miedo, la deuda de gratitud, el superyó que persigue, la angustia, el miedo, el amor, la soledad o el duelo. Pero…qué es la culpa? Es siempre mala? O es necesaria para adaptarnos al entorno en el que habitamos? ¿Se puede manejar?. ¿Se puede eliminar?. Las razones por las que experimentamos un sentimiento de culpabilidad son infinitas y no siempre están justificadas. A veces la culpa aparece sin motivo aparente.

Como en otros muchos sentimientos que acompañan al ser humano a lo largo de su vida, no hay fórmulas para eliminar la culpa, pero ello no quiere decir que debamos resignarnos a ella, que no busquemos en nuestro interior, querer saber sobre la culpa que nos tortura, hacerse cargo, la verdad de cada uno, su subjetividad. Para empezar podemos aceptar que es una emoción vinculada, en la mayoría de los casos, a un acto, a una acción que ha despertado en nosotros ese sentimiento de culpabilidad, que tanto daño nos hace.

Por poner algún ejemplo, en la soledad, cuando elegimos estar solos o somos personas solitarias, que no seres antisociales (estereotipos), la soledad está mal vista por la sociedad, y nos sentimos culpables, a menudo, por permanecer aislados, por elegir la soledad como una opción. Es una de las falsas creencias, esa que dice que las personas que eligen la soledad son inadaptados sociales, creencia que es preciso desechar para eliminar el sentimiento de culpa, si es el caso.

Otro ejemplo lo tenemos en cualquier proceso de duelo, principalmente cuando el duelo está relacionado con la pérdida de un ser querido. Podemos llegar a sentirnos culpables por no haber hecho lo suficiente, por no haber llorado más, por no haber podido controlar el llanto, como si de nosotros dependiera evitar el desenlace final. Y en una ruptura amorosa, es inevitable sentir culpa al principio, buscar qué es lo que hemos hecho mal, culparnos por no haberlo amado suficiente, por haberlo amado demasiado…

A veces el sentimiento de culpa en este proceso de duelo nos lleva a pensar que es un castigo que nos merecemos. Y es también aquí donde es preciso dejarnos sentir, sentir la pena, la ira, la desesperanza…hasta su aceptación, que eliminará, en casi todos los casos, ese sentimiento de culpa. Y si no fuera así, es preciso continuar, porque la culpa como cualquier otra emoción, va y viene a lo largo de nuestra vida. No hay “pastillas” que curen el sentimiento de culpa.


Imágenes: Rosa Rosado

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