Cuando el TDAH está sobrediagnosticado

Uno de los trastornos de la infancia más “de moda”, en la sociedad actual es lo que llaman Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Y en su diagnóstico o sobrediagnóstico, en muchos casos, está el uso masivo de la utilización del DSM IV o ediciones anteriores (Manual Diagnóstico y Estadísticos de los Trastornos Mentales).

Un sistema de salud al que le faltan recursos económicos y que busca desarrollar tratamientos cortos y baratos, facilita llegar a un “diagnóstico” rápido y sin buscar en la conducta problema otras causas que puedan estar en el origen del trastorno. Si a esto le sumamos las revistas de divulgación alertando a los padres sobre las características del trastorno, podemos entender mejor el aumento de los casos llevados a consulta por las padres que llegan a la misma con una descripción exhaustiva de la problemática, tal y como la describe el citado Manual DSM.

Pueden ser muchas las causas de los problemas de atención en los niños. Desde una perspectiva familiar, una madre que rechaza de forma inconsciente el cuadro que presenta el niño y le priva de lo que necesita para desarrollarse. Que el problema vincular sea con el padre que de manera inconsciente ataca el vínculo con la madre. O también que el niño sea el síntoma de los padres, lo que determinaría intervenir en la problemática conyugal. Otros lo basarán en problemáticas transgeneracionales, o desde una perspectiva sistémica investigando o interviniendo en el sistema que entiendan pertinente. También es necesario abordar el trastorno desde la psiquiatría biológica, pero sin quedarse solo en esta visión, no hay que descartar la posibilidad de entender al niño en todo su contexto.

En cuanto a los tratamientos más eficaces, desde la psiquiatría americana los tratamientos elegidos han sido los conductuales y los psicofármacos, que a corto plazo han dado algunos resultados, pero no así a largo plazo. Algunos han encontrado resultados positivos con el tratamiento farmacológico con estimulantes (derivados de la anfetamina, metilfenidato,…) o también los antidepresivos, en otros casos, o los antipsicóticos. En estos casos con los efectos secundarios que estos tratamientos dejan en los niños. Los tratamientos conductuales con los padres y con la escuela como sistemas o los tratamientos cognitivo-conductuales que no han mostrado eficacia en este trastorno. La terapia de orientación analítica apenas es tenida en cuenta. Sin embargo para el psicoanálisis el síntoma solo existe si es dicho por el paciente. Y es necesaria la creencia en el síntoma en cuanto que algo quiere decir, así como el consentimiento del sujeto que quiere hablar sobre su experiencia.

Lo esencial es escuchar al niño y proponerle plataformas desde las que expresar sus metáforas, dando cuenta de lo que le ocurre a través del juego, de las palabas, de cómo vive su interacción con los adultos. El niño como cualquier otro sujeto está emitiendo señales a las personas de las que depende. A veces pareciera que las pastillas fueran el medio para que se calme, acallarlo, pero también para calmar las inquietudes de padres y educadores que no quieren saber de ellos mismos y de los niños de los que son responsables. Esta “llamada de atención” hacia los adultos mediante la distracción o la inquietud, podría ser indicativo de su derecho a ser diferente, a que los adultos tengan en cuenta su singularidad, sin etiquetas que conduzcan a una psicopatologización de la infancia y en consecuencia al recurso de la medicalización.


Imágenes: Rosa Rosado

 

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