En la actualidad el concepto de depresión como concepto médico está vinculado a la disminución de las fuerzas físicas y morales y tras el Manual de Trastornos mentales (DSM), serán los medicamentos y sus efectos los que den lugar a una nueva clínica. Así desde esta lógica del DSM el abordaje farmacológico hace desaparecer toda dimensión de la subjetividad y los trastornos se definen por su respuesta al medicamento y sus efectos suponen una universalización, reduciendo el problema a un estado de ánimo que responde a un desequilibrio químico. Por tanto, el significado moderno de la depresión nos sugiere una determinación por intereses de un sistema capitalista y de la industria farmacéutica. Desde un punto de vista psicoanalítico, lo que importa es el sujeto y su relación con el deseo y el duelo.
Cuando a nivel de la vida cotidiana hablamos de depresión, muchas de las veces nos estamos refiriendo a un estado de tristeza, que no es sinónimo de depresión. Uno de los síntomas o de los estados psíquicos que más se escuchan en la actualidad para describir un estado de ánimo, junto a la ansiedad, es la depresión. ¿Pero qué es la depresión, en realidad?. Pareciera que la depresión es un afecto universal, igual para todos.
Y de acuerdo a este enfoque universalista, y que el DSM diagnostica como presencia de tristeza, vacío, o afecto irritable, acompañado por cambios somáticos y cognitivos que afectan de forma significativa a la capacidad de funcionar de un individuo, como decíamos depresión para todos, el tratamiento también, sería aquel que está avalado por la ciencia, y que es igual para todos. Hablamos de la industria farmacéutica como disciplina científica y empresarial que con el uso de los antidepresivos ponen el acento o dejan en manos enteramente químicas la cura de este mal del siglo XXI. Es fácil para el sujeto que no quiere saber sobre el sufrimiento dejar en manos de una píldora la resolución de su problema.
En una época, ésta del consumo en que el fenómeno es hacia un empuje de las satisfacciones de nuestras pulsiones sin control alguno, a lo que estamos asistiendo es a una decadencia de lo simbólico en cuanto a la palabra, a los ideales o a la ley o autoridad. El sujeto se deprime porque no está o no se siente a la altura de las expectativas de la sociedad. En esto tiene que ver la sociedad capitalista que nos impone la ilusión de que los objetos pueden colmar por completo nuestra falta y que además son accesibles.
Nuestro superyó actual nos exige consumir infinitamente, y el sujeto deprimido es por tanto ese que renuncia a emprender por completo ese trayecto y entonces ya no quiere nada, con la consiguiente pérdida de interés en toda actividad que antes le producía placer. En mi opinión, hay que tener en cuenta, como en todo, lo particular de cada sujeto, su subjetividad en la que cada uno se tendrá que interrogar en relación a lo que queda de su lado, en cuanto a aquello que le toca vivir y la relación que tiene con su propia historia, entonces la vivencia subjetiva cambiará y el afecto depresivo se irá diluyendo y en su lugar aparecerán preguntas, dudas, tristeza, rabia, pero sobre todo una interrogación acerca de la vida y el malestar que es, definitivamente lo único que va a permitir un cambio o una rectificación subjetiva.
Imágenes: Sandra Rosado
Reblogueó esto en psicología desde el almay comentado:
…estamos asistiendo a una decadencia de lo simbólico en cuanto a la palabra, a los ideales o a la ley o autoridad. El sujeto se deprime porque no está o no se siente a la altura de las expectativas de la sociedad.
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Totalmente de acuerdo!!
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