Seguir juntos, o no

¿Por qué seguimos juntos cuando aparecen las crisis de pareja? ¿Qué hace que, a pesar de las diferencias, las discusiones o las decepciones, sigamos eligiendo compartir nuestra vida con alguien?

Quizás porque todos necesitamos, de alguna manera, un espejo en el que reconocernos, sentirnos deseados y encontrar algo de aquello que somos o quisiéramos ser. Porque, en el amor, también importa el lugar que ocupamos en el deseo del otro. Quizás porque, aunque la relación no se ajuste del todo a lo que esperábamos, sigue habiendo algo que nos satisface, algo que nos aporta y que hace que merezca la pena continuar.

Cuando nos enamoramos, no siempre vemos al otro tal como es. También vemos en él algo de lo que deseamos, algo que sentimos que nos falta. Desde el psicoanálisis, podemos pensar que nuestra historia deja huellas, que hay renuncias, deseos y experiencias que participan en nuestra manera de amar y de elegir a alguien.

Por eso, cuando amamos, no solo ofrecemos lo que somos. También ponemos en juego aquello que nos falta. Lacan lo expresó de una manera aparentemente paradójica: amar es dar lo que no se tiene a quien no es. ¿Qué quiere decir esto? Que no somos seres completos que buscan a otro para completar lo que les falta. Cada uno tiene su propia historia, sus propias carencias y sus propias marcas. Y el otro tampoco es alguien completo que pueda ofrecernos aquello que nos falta.

Sin embargo, nos enamoramos. Deseamos, imaginamos y, en ocasiones, idealizamos. Construimos una imagen del otro en la que depositamos expectativas, deseos y algunas de nuestras propias fantasías. Al principio, todo parece encajar. Pero con el tiempo empezamos a descubrir que la persona que tenemos delante no siempre coincide con aquella que habíamos imaginado.

Y es ahí donde pueden aparecer las primeras crisis.

Cuando descubrimos que el otro no va a llenar ese vacío, que tiene sus propios deseos, sus limitaciones y su manera de estar en el mundo, podemos sentirnos decepcionados. A veces intentamos recuperar aquella imagen inicial buscando nuevas formas de sostener la relación: compramos una casa, tenemos un hijo, hacemos un viaje, iniciamos nuevos proyectos o incluso aparece una tercera persona. No necesariamente porque esas decisiones carezcan de sentido, sino porque, en ocasiones, pueden convertirse en una manera de evitar preguntarnos qué está pasando realmente entre nosotros.

Cuando la realidad se impone sobre lo que habíamos imaginado, aparece el conflicto. Queremos que el otro cambie, que vuelva a ser como al principio o, quizás, que llegue a ser aquello que esperábamos encontrar. Pero el otro sigue siendo el mismo, con su propia historia y sus propios deseos.

Tal vez la pregunta entonces no sea tanto por qué el otro no cambia, sino qué nos ocurre a nosotros cuando dejamos de verlo como lo habíamos imaginado. ¿Qué esperábamos encontrar en esa relación? ¿Qué seguimos buscando? ¿Qué lugar ocupa el otro en nuestra vida y qué lugar ocupamos nosotros en la suya?

Porque una crisis también puede ser una oportunidad para mirar la relación de otra manera. No para encontrar culpables ni para exigirnos permanecer juntos, sino para descubrir qué nos une realmente y qué estamos dispuestos a construir a partir de ahora.

A lo mejor no necesitemos que una relación encaje por completo con nuestras expectativas. Tal vez sea suficiente con que encontremos en ella motivos para seguir eligiéndonos, aun sabiendo que ninguno puede completar al otro.

Y así seguimos juntos, pese a todo, o no.

Quizás sea necesario dejar atrás esa idea del amor romántico que promete una unión perfecta, una especie de encuentro en el que dos personas se convierten en una. Esa completud no existe. Amar también implica aceptar que el otro es diferente, que no siempre responde a nuestros deseos y que no tiene la obligación de cubrir nuestras faltas.

Seguir juntos no debería ser una obligación ni una renuncia a uno mismo. Puede ser, sencillamente, una elección: la de reconocer lo que cada uno encuentra en esa relación y decidir si, con sus límites y sus posibilidades, todavía merece la pena compartir el camino.


Imagen original desarrollada en diálogo con inteligencia artificial.

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